miércoles, septiembre 23, 2009

El oro de España estaba en Polonia y la plata de Los Fucking en San José



Hace un par de días la selección española ganó la final del europeo de baloncesto. Da gloria verlos jugar a estos zagales. Sorprende que un deporte tan atractivo quede oscurecido, como casi todo lo que pasa en el mundo, por el fútbol, deporte extremadamente más tedioso que el de la canasta, pero que algo debe tener cuando nos tiene a todos subyugados. Mientras escribo esto escucho por la radio como sigue arrasando el Barça… Pero el que no se haya emocionado con estos muchachos del baloncesto es que ni tiene corazón ni nada. Además de que juegan como los ángeles (lakers), es que caen bien, desde el primero al último. Se ve que hay buen rollo entre ellos, y las enchufan que da gusto. Vaya, que es difícil no epatar con un grupo así, buena gente y ganadores natos. Ocurre que de repente, España, sin negros nacionalizados, juega como lo hacían los equipos de la NBA. Los de aquellas finales de conferencia que daban en la tele por las tardes, con Magic Johnson dando asistencias mirando al tendido, viendo volar a Michael Jordan, o el gancho del cielo de Kareem Abdul-Jabbar, y los triples de Larry Bird,… Ahora resulta que aquí también se saben hacer alley-oops, mates de espaldas a la canasta y demás repertorio de virguerías. Y los hacen en una final. Y lo petan. Pena de arbitraje que nos hicieron en la final de las olimpiadas de Pekín, porque ese partido, ay madre, qué cerca estuvieron…

Como Los Fucking, pronúnciese “los fakin”. Hubo unos juegos comarcales en que rozamos el cielo. El evento en cuestión se celebraba en las pistas de San José de Vélez Rubio. Nuestro equipo lo conformábamos el Mateo en la portería, un servidor atrás de cierre, un par de alas, el Lobitas (Antonio López) y el Mechas (Ginés Jesús) y en punta el Poveda (Jose), también estaban el JoséJuan y el Jesús (los dos también Povedas). Nos llamábamos así porque las camisetas eran unas que le prestaban sus tíos al Mateo. Los tíos del Mateo y sus colegas se conoce que eran unos calaveras buenos. Porque no se les ocurrió otra cosa que, para una vez que jugaron las 24 horas de fútbol sala (furbito) del pueblo, hacerse unas camisetas verde limón que tenían pintado por delante, además del distinguido nombre del equipo, que las cosas como son, nos daba mucha risa, un cuervo gigante fumándose un porro. El animalito en cuestión lucía chupa de cuero y alrededor suyo había jeringuillas, lo que con los años descubrí que era un condón usado, una botella de whisky y a saber qué lindezas más que no recuerdo. Por detrás tenían el número, y los apodos de lo más selecto de una generación velezana famosa por darse a todo tipo de vicios en La Brasa, ahora una pizzería restaurante, y en tiempos, un antro lúgubre al que me tenían prohibida terminantemente la entrada mis padres, y de cuya parroquia se pueden contar con los dedos de una mano los supervivientes. En fin, que allí estábamos nosotros, unos críos de diez o doce años, vestidos con unas camisetas que nos venían grandísimas metidas por dentro del pantalón, llevando al cuervo tarambana por delante y el mote de algún prenda local por detrás. Y el número. Yo llevaba el 3. Como Migueli. Las camisetas olían fatal. Y eso que lavadas estaban, porque tenían unas buenas manchas de lejía. Pero ni con esas les había sacado punta la madre del Mateo. Así que a eso de las diez de la mañana nos enfundamos aquellas camisetas apestosas y comenzamos a competir. Poco parecía que podían hacer a priori dos orejones (el mechas y el mateo), un gordito cabezón (un servidor) y otro cabezón más (el jose). Pero resulta que el Lobitas estaba fino, y el resto más o menos hicimos el papel. Nos conocíamos de jugar juntos todas las tardes, y jugábamos de memoria que se dice. Con ligeras imprecisiones, pero de memoria. Y pasamos la primera fase. Y nos metimos en cuartos, que se jugaban ya por la tarde. Sobra decir que nadie daba un duro por nosotros, y que jugar a las tres de la tarde a mi madre le parecía un disparate. No me acuerdo contra quien jugamos, pero sí del momento antes de empezar, conjurándonos para pasar a semis. Recuerdo también que hacía mucho calor y que no podía casi ni menearme de la panzá de arroz y pavo que me había pegado en lo de mi abuela, que los sábados comíamos allí. El caso es que ganamos y nos plantamos en la semifinal. Jugábamos contra el equipo del Largo, y del Nacho, que era uno que militaba en las categorías inferiores del Murcia, y que después se fue al Madrid, y que incluso llegó a la selección, pero que se dio a los placeres de la vida, y por ahí anda, en segunda b o tercera… Estaban las gradas llenísimas de familiares y en contra de todos los pronósticos otra vez, llegamos al final del partido empatados. Fue faltando cosa de un minuto que el Ezequiel (árbitro) señaló córner. Y allí me fui yo, a la esquina. Y no se me ocurrió otra cosa que meterle a aquel balón la uña en todo el medio, pero dándole un efecto retorcido que hizo que la pelota saliera de mi bota al segundo palo, y de allí, al fondo de la red. Vaya, que metí un golazo directo. Fue, sin ningún género de duda, el mayor momento de gloria de mi infancia. Recuerdo como todo el mundo cantó el gol (éramos los que íbamos a perder así que toda la afición estaba con nosotros), y recuerdo correr gritando, y todos detrás de mí, y abrazarnos como locos. Fue la puta bomba. Lo dimos todo en aquella semifinal. Siete críos con taras varias, metiéndose en la final del campeonato con aquellas camisetas tan perturbadoras. Un delirio. Después, Los Fucking perderíamos la final, pero todavía guardo aquella medalla de plata como un tesoro.

viernes, septiembre 18, 2009

el verano del 94 (parte I)

panadero de Las Vertientes

"Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos. Sabemos sobradamente hasta qué punto vivimos aparte"
de El Anticristo de F. Nietzsche.

Organizando las Billy dí anoche con El Príncipe de Maquiavelo. Al abrirlo para ojearlo cayeron dos papeles, una entrada de adulto de color rosa para la piscina municipal de mi pueblo válida para el 13 de julio de 1994, y un ticket de autobús amarillento de la empresa Salvador Tudela Pérez para el trayecto Vélez Rubio – Las Vertientes fechado el 19 del mismo mes y año. 135 pesetas costaba el billete de autobús y el de la piscina no lo pone, pero más o menos por ahí andaría. Fue justo el verano antes de entrar en la universidad. El billete de la piscina está claro para lo que lo usaría, y no tiene más historia, el del autobús, sí. Para el que no lo sepa, Las Vertientes es una cortijada a medio camino entre Chirivel, de Almería, y Cúllar de Baza, de Granada, pueblos bastante miserables dicho sea de paso. De allí era El Pedrusco, Don Pedro, catedrático de Química y profesor mío en el instituto, célebre por elaborar un explosivo capaz de volar un cerro entero porque allí tenía la madriguera la zorra que se le comía las gallinas, y hombre que se vanagloriaba ante sus alumnos de haber domado a una cría de gato salvaje en pelotas. También era conocido en el IB José Marín por llegar a clase achispado cuando tenías con él a última, cosa esta natural después de echar la mañana en la cantina chato de vino viene y va. Don Pedro merece un post aparte con sus cosas, y fue sin duda mi profesor favorito en los cuatro años del instituto. Estimaba él que Las Vertientes, de donde como he dicho era natural, tenía doscientos habitantes contando gallinas y conejos. Esto, como todo lo que decía este hombre, es exagerado. Atravesaba al pueblo la carretera nacional que va de Murcia a Granada, y este se desparramaba, pero poco, a los dos lados. Mis únicos puntos de interés en el pueblo eran la panadería, extraordinario despacho del mejor pan casero, que al pisarlo por las mañanas se me antojaba el cielo de los aromas, y la gasolinera, que no olía bien, pero que era a donde estuve trabajando aquel verano surtiendo al personal con derivados del petróleo, además de frutos secos, pinos ambientadores y cintas de vhs porno, que no veas la salida que tenían. Las cintas las testaba todas el hijo de Eustaquio (el dueño). Un gordinflón simpático que se las llevaba a su casa y las devolvía con el plástico roto. Un día un tipo que se llevó como ocho o diez me dijo que si no le hacía un descuento porque estaban todas abiertas… Yo también me llevé una un día, pero como no tenía vídeo tuve que ir a lo de mi vecino, y allí en su salón le echamos un vistazo en plan furtivo. Recuerdo que era horrorosa, pero imagino que haría su papel. Aparte de lo del porno, me compré a precio de coste la película de Oliver Stone sobre los Doors y las cintas rojas y azules de casete de los Beatles. A Las Vertientes me iba en el correo de baza, el correo era un minibús conducido por un anciano muy simpático al que le faltaba una oreja, así que había que hablarle por la otra. Llevaba el hombre a la ida una botella de coca cola de litro y medio rellena con vino del terreno. Botella que para el trayecto de vuelta volvía ineluctablemente siempre vacía.

Y no cuento más por hoy… en la segunda parte aparecerán el Anticristo de Nietzsche, unos testigos de Jehová, casi toda la obra publicada en español de Herman Hesse, Daniel, el argentino al que rentaban el hotel restaurante de al lado de la gasolinera, y que compatibilizaba los menús para camioneros con sus labores de proxeneta, una de sus empleadas pidiendo auxilio al gasolinero adolescente, (yo), Maquiavelo, un viaje en autostop, y otro en bicicleta, un accidente con muertos, y la casi desaparición del conductor de mi minibús en pleno trayecto. ¿He dicho que durante todo ese verano, el único que viajaba la mayoría de los días en aquel bus era yo? Siniestro, ¿a que sí?.

En fin, aquel verano leí muchísimo por las mañanas. Por las tardes, imagino que me iba a la piscina.

miércoles, septiembre 16, 2009

los detectives salvajes y los poetas de la calle escoberos




Hace como diez veranos recuerdo ir a la Calle Sigue Andrés Manjón (estas cosas sólo pasan en mi pueblo) a lo de mi primo Juanjo y verlo leyendo Los Detectives Salvajes. Por aquel entonces leía yo también bastante, pero en principio todo libro que pasara de las quinientas páginas no entraba dentro de mis presupuestos. De todas formas me quedé con el título. Hace como cinco años, rebuscando en una librería de segunda mano, estaba a cinco euros y me lo agencié. No ha sido hasta este verano que me ha dado por leerlo. Entremedio de todo esto, le ha dado tiempo a Bolaño a salir en Soldados de Salamina, morirse, y hacerse famoso en EEUU. No tengo claro si en este orden.

Se trata de la epopeya de un par de prendas, Arturo Belano y Ulises Lima, en su búsqueda de la poetisa jeroglífica Cesárea Tinajero. Del antes, del después y del durante. Todo contado en forma de testimonios aleatorios un poco a lo Rayuela. Tengo que confesar que si bien empezó resultándome un poco cargante, la terminé disfrutando mucho.

Muchas cosas me vinieron a la cabeza leyendo el libro este. Las evidentes reminiscencias literarias, esta que he dicho de Rayuela, y mucho también de En El Camino de Kerouac, con demasiados símiles como para obviarlos.... igual que Belano es Belaño, digo Bolaño, Sal Paradise era Kerouac, e igual que Belano tiene a Lima, Sal tenía a Dean, y viajaban en coches, y las drogas, y las ciudades, y bueno, y todo... También, sobre todo en los pasajes la germinación del grupo este de real visceralistas, me hizo recordar una revista que montó mi primo, el mismo de la Calle Sigue Andrés Manjón en Vélez-Rubio, pero esta vez en la Calle Escoberos en Sevilla, paralela de la Becquer, que hubiera sido una calle con un nombre mucho más pertinente para que germinara allí un movimiento poético. No daré nombres, primeramente porque casi no los recuerdo, pero lo que si recuerdo es pasar por el pasillo, y quedarme turulato escuchando a aquellos elementos cambiando el mundo. Llegué a escuchar, que el trabajo era un absurdo, que los animales no necesitaban trabajar y vivían, y que lo que teníamos que hacer era dedicarnos a ir recogiendo las frutas de los árboles. A mi primo, que es Cotes, me parece que lo que le interesaba de verdad era desarrollar sus habilidades de maquetación en Photoshop 2.0. Y uno, que es de pueblo, y que de no haber sido por que mis padres decidieron cambiar el rumbo de la historia, debería haberse dedicado desde bien chiquitico a la labranza, el abono, la siembra, la siega y cría de cerdos, cabras, ovejas, conejos y gallinas, pues como que no veía claro eso de ir cogiendo las frutas de los árboles y cazando conejos así por que sí... Viene aquí al caso una cosa que me dijo mi abuelo Quico una vez cogiendo almendra, “todo el que no se dedica a la agricultura, mierda tenía que comer”. No llego yo a tanto, pero digamos que si no comer mierda, al menos mucha hambre habrían pasado estos zagales de no haber sido por los ingresos en cuenta semanales de sus respectivos progenitores. Porque para litronas no les faltaba. No veas como dejaban la casa. Total para nada. A fin de cuentas creo yo que lo único que les interesaba era impresionarse entre ellos (chuparse las pollas dicho malamente) y lo que viene siendo el folgar.

Así era Arturo Belano, un pavorreal presumido y tonto. Y el realismo visceral, su agotadora danza de amor hacia mí. Pero el problema era que yo ya no lo amaba. Se puede conquistar a una muchacha con un poema, pero no se la puede retener con un poema. Vaya, ni siquiera con un movimiento poético.

jueves, septiembre 03, 2009

vélez rubio de cine (negro)



Acabo de volver de unos días en el pueblo. Esto de ir de visita al pueblo de uno es cosa que siempre reconforta. Ves a la familia, a los amigos, te pones ciego de beber (antes), de tocinillos y demás grasas saturadas varias a la parrilla (ahora) y descansas. A todo da tiempo. Incluso a enterarse de cotilleos. Cada vez me cuesta más saber quiénes son los protagonistas por más que me dicen sí hombre, el que la mujer está casada con el sobrino del vecino del alcaina, el de los cerricos, el primo de la del llano... pero que se fue con otro y que ahora ha vuelto, y que fíjate. Hace unos meses apareció uno en el polígono industrial atado a una farola, en pelotas y con una flor en el culo. Al parecer tenía el hombre ínfulas de Don Juan y así le aplaudieron la función. No tengo ni idea de quién es, pero sabiendo que es del pueblo tiene como más gracia... Pasa que el pueblo aparte de cosas de cuernos, y anécdotas simpáticas como esta, tiene un lado oscuro del cagarse... todo el mundo conoce a todo el mundo, y todos parecemos respirar la misma atmósfera serena del lugar... pero resulta que, y esto lo digo con todo el respeto para con las familias y protagonistas de la historia truculenta de la villa, es raro el mes que no aparece uno colgado en una era, que la espicha de sobredosis un zagal, o a algún desalmado o desalmada no se le ocurre otra cosa que borrar a la mujer o al marido del mapa... Estas cosas pasan en las ciudades e imagino lo único que hacen es alterar alguna estadística, pero en el pueblo... ¡joder! pero si ayer me crucé yo con él... Pensaba yo que estas cosas ocurrían sólo de un tiempo a esta parte, pero como desde que ando exiliado me ha dado por la espeleología velezana, leyendo un periódico local de hace como un siglo, me sorprendió el que más que una gacetilla de eventos sociales parecía El Caso en sus mejores tiempos... entre otras venía la noticia de uno que se le disparó la escopeta en la rambla y mató a dos (ríete tú de la bala que mató a JFK). Salió absuelto. Sin investigación ni nada. Dicen que es el aire que pega por allí, que vuelve a la gente loca, pero yo creo que es el agua. En adelante siempre que vaya llevaré cantimplora y reservas de agua mineral. Porque la de los caños del Blanco* a saber en qué clase de bicho me puede mudar.

Y más chascarrillos del pueblo: al parecer unos ingleses tenían una plantación de marihuana brutal... cuentan que la colonia inglesa de los alrededores asistió con lágrimas en los ojos al arrancamiento de matas por parte del personal del ayuntamiento (que dicho sea de paso se les ve de un tiempo a esta parte con los ojos entornados y mucha hambre); y siguiendo con el tema que quema, escuchas al más puro estilo The Wire (y yo ahí creyéndome que esto era cosa sólo de Baltimore) desembocaron en una redada con gente descolgándose de helicópteros en cortijos. De cine oiga...


(*) Vélez Blanco: villa vecina a la de Vélez Rubio, famosa mundialmente por que el patio renacentista de su expoliado castillo señorial luce en el metropolitano de Nueva York, además de por tirar al santo por el barranco después de que el pasearlo por el pueblo diera infructuoso resultado pluvial.

jueves, agosto 13, 2009

de como la que iba a ser la segunda parte de las fiestas acabó siendo otra cosa

Tengo una tendencia bastante reincidente a dejar las cosas a medias, desde las más insignificantes a las más trascendentales. Con catorce o quince años y con el dinero de un par de cupones que me había dado mi padre para cobrar (veinticinco mil pesetas me parece que eran), me compré una guitarra en lo de Pascual. Un arrebato. Había dos o tres en los grupos de la catequesis que se me antojaba a mi que ligaban una cosa bárbara. Sobra decir que yo no me comía una rosca. Así que cogí aquella guitarra con las mismas ganas que hubiera agarrado a alguna muchacha de las de entonces. Desesperadamente. Mis padres me buscaron un profesor, porque el primer fascículo de una colección que compré en la librería de Jose no daba los resultados que yo esperaba. Estuve un par de días tocando el greensleeves en el mástil directamente. El profesor en cuestión era Miguel El Gitano. Conocido también como el encargado de las huertas, arbolado vario y demás terrenos que rodeaban el José Marín (célebre Instituto de Bachillerato de mi pueblo). El hombre trato de enseñarme, pero tenía una artrosis considerable, y unos días podía mover los dedos y otros no. Aprendí a tocar las parrandas (baile popular de la zona), pero me atranqué en las malagueñas, que tenían cejilla. Harto de apretar el dedo y viendo que tal y como pintaba aquello tocando parrandas y malagueñas me iba a comer todavía menos de lo que me comía, que ya iba a ser difícil ahora que lo pienso, le regalé un décimo de lotería de navidad a Miguel por los servicios prestados, me cogí la guitarra, la metí en la funda y no volví más a las clases. No iría más de diez o doce veces...

Juro por Dios que pensaba escribir la segunda parte del post de las fiestas. Iba a empezar hablando de que me dejo cosas a medias, pero que este post no. Y mira...

miércoles, agosto 12, 2009

dos días para las vacances...



Lyrics | Supergrass - Alright lyrics

gaz es clavado al yoyas...

sillas plegadas

Esta mañana, a eso de las ocho y media, viniendo al trabajo, al girar una esquina, he visto a cinco o seis hombres en la puerta de una casa de planta baja. Un par estaban sentados en sillas de plástico blancas. Tenían la mirada como perdida. Los demás hablaban distendidamente. Apoyadas en la fachada había algunas sillas más, de madera, plegadas. Desde el coche se veía un pasillo oscuro por el que se cruzaban otros. Al final de ese pasillo estaba la muerte. Seguro.

martes, agosto 11, 2009

las fiestas de mi pueblo



El otro día me preguntaba Carmen si este fin de semana eran las fiestas de mi pueblo. Eché cuentas y resulta que sí. Que tal día como ese, en vez de estar tirado en el sofá burguillero, otros años andaba yo recuperándome de los excesos de los dos o tres días que ya me hubiera festeado y dispuesto a pegarme otra noche más dando tumbos por lo que ha venido siendo el nómada recinto ferial de la villa.

Las fiestas de Vélez Rubio imagino tienen un programa parecido al del resto de pueblos de entre cuatro y seis mil habitantes del sur de España. Esta población se multiplicaba por cuatro o cinco esos días. Por cosa de la emigración, el pueblo era invadido por hordas de catalanes, valencianos, franchutes y demás repatriados estivales, que ahora que lo veo con un poco de distancia, la mayor de las veces no eran sino gentes del extra-radio de urbes como Barcelona a las que sus padres se habían mudado para sobrevivir, pero que eso sí, cuando venían al pueblo se daban unos aires que no veas. Las cosas como son, les cogí coraje a un gran porcentaje de nuestros visitantes estivales. Básicamente al porcentaje masculino. Las féminas eran otra cosa. A estos forasteros les tenía tirria, aparte de porque las mozas se quedaban embobadas con ellos, porque eran tontos. Y lo dejo, y sigo con el programa porque me pierdo. Las fiestas empezaban con la coronación de la reina y sus damas. Esto, lo sabe todo el mundo, estaba MUY amañado. No hay otra explicación para ver las bellezas con que nos deleitaban en el famoso “El libro de las fiestas”, señera publicación velezana, sufragada con la aportación de los comerciantes listados, en la que el alcalde de turno saludaba a sus paisanos y lectores con bien poco arte. Ahí venían que si los conciertos, que si la verbena, que si el pasacalles, que si la carrera de cintas... en fin, grandes eventos todos en los que al final siempre acababan desfilando los mismos. Célebre es el golf descapotable de la hija de Tortosa. Con todo siempre entraba un cosquilleo cuando iba llegando el día. Daba gusto ver tanta gente, acostumbrado uno como estaba a que en cuanto oscureciera no quedara ni un gato en la calle. Y el pueblo, oye, de punto en flor...

Y ahora no tengo más tiempo de escribir... a ver si me animo y escribo una segunda parte y cuento lo de cuando me firmó Regina Do Santos en una barra de pan.

martes, agosto 04, 2009

el diario de patricia (que ya ni es de patricia ni nada), manolo escobar y la inyección

Fui fan yo en su tiempo de Patricia, la del diario. En principio pensaba que era uno de esos programas basura que no conviene ver si no quieres quedarte tarado, pero no sé cómo y todavía hoy no sé si aquel dato fue verídico, alguien me dijo que la tal Patricia era sobrina de Manolo Escobar. Huelga decir que siendo yo de Vélez-Rubio y perteneciendo este municipio a la provincia de Almería, no tengo por más cojones que ser fan de Manolo Escobar, de sus hermanos los guitarristas que sacó del hambre, y de todo quisqui que tenga algo que ver con él, que para eso, y hasta la llegada de Bisbal (otro día hago un post para este y sus admiradoras del Chirivel), ha sido el nativo más insigne que ha dado mi tierra. Mi infancia tiene mucho que ver con cintas de casete sonando en modo bucle en nuestros viajes de verano (y ojo, que nos cruzábamos España, que un viaje de Vélez Rubio (Almería) a Plan (Huesca) da para muchas vueltas a la cinta), y películas de sobremesa con Manolo Escobar arrancándose a cantar cuando le parecía, ya fuera vestido de cura, de marinero o de vividor... Esto no se crean que es una cosa mía única, es cosa de familia y creo yo de provincia, que una vez me impresionó a mi sobremanera, estando de visita en casa de unos parientes en Aviñón, la visión en el salón a modo de enciclopedia espasa calpé, de TODA la colección completa de uvehacheses. Y me centro, que me pierde la pasión porompopera. A lo que iba, al programa de Antena 3, que tuvo su momento, con una Patricia en estado de gracia que se ganaba a invitados, público y audiencia por este orden, llevando magistralmente sus "entrevistas" a las buenas gentes que iban a contar sus historias, mostrando una empatía exquisita con sus huéspedes y tan natural ella oye... vale que alguna vez las historias eran un poco truculentas, que otras eran verdaderas tragedias, pero siempre sabía darle su punto... claro, aquí lo malo no era la anfitriona, que como he dicho era familia de Manolo Escobar, eran los invitados, que se acababan los buenos, y empezó a tirar de una patulea bastante chunga, y a llevar cosas a su casa que no tenía que llevar, y la pobre, después de unos episodios penosos, y el consiguiente linchamiento público, abandonó el barco, y por ahí anda dando tumbos... estos días, por aquello del descanso estival, llego a casa más temprano de lo habitual, y algún día, unos años después, me he visto el programa con la presentadora nueva, que no sé ni como se llama la verdad, lamentable... en la mejor de las ocasiones lo único que hacen es evidenciar el manifiesto grado de retraso o tara mental (y/o físico) de los invitados, y lo hacen sin vergüenza ninguna y sacándose unas buenas perras con los anuncios que meten en medio de las historias de estos desgraciados (en el sentido más misericordioso de la palabra)...

peeeeeerooo... pero merece la pena verlo diez o quince años todas las tardes sólo para darse la panzá de reír que me he dado yo viendo este caso que corto pego (youtube mediante)




si pudiera, repescaba el vídeo de cuando salió uno del pueblo, o una... se hacía llamar sina... y que no es ni otro ni otra que la alfonsina... no tuvo mucha gracia, pero era del pueblo, aunque no se dignara a mentarlo... cosa que por cierto mis abuelos agradecieron...

viernes, julio 17, 2009

the wire (bajo escucha) / la serie



Estoy viendo los últimos capítulos de la quinta, y última, temporada de THE WIRE. Esta es una de esas extraordinarias series que vienen despachando los yanquis de un tiempo a esta parte. En realidad no se trata de una de esas. Ahora mismo, y dejando fuera de concurso esa Opus Magna del género que son las seis temporadas de Los Soprano, THE WIRE es LA PUTA SERIE. Una visión un tanto oscura sobre la ciudad de Baltimore, que se erige con todas sus miserias y esquinas como verdadera protagonista entre policías, camellos, maestros, críos, políticos, abogados, especuladores inmobiliarios, estibadores, putas, borrachos, yonquis, y demás patulea de una serie plagada de personajes que se le quedan a uno grabados tan a fuego como el Frank Furillo de Canción Triste de Hill Street. Ese desastre que es Jimmy McNulty, una especie de quijote follador, borracho y cabezón que tiene como su sancho al detective Bunk, también inmenso, y como compañeros en una particular Comunidad de las Escuchas al ideólogo de estas, el grande porque es enorme, detective Lester Freamon, que además de fabricar muebles en miniatura es el tío más listo de la partida, a la lesbianaza de Kima, a la que se le advierte una deriva mcnultiana... y que da alguna de las mejores escenas calentorras de los sesenta y tantos episodios en un par de lotazos que se da... hay un montón de personajes imprescindibles más en la policía, Daniels,Rawls, Burrell, Herc... pero si alguno me robó el corazón de verdad, fue Pryzbylewski, (presbalusqui), que acaba cambiando la placa por la tiza.

Después está la gente de las calles, menuda plebe... Barksdale, que era el más duro hasta que llegó Marlo, que es sin duda, el más malo de los malos, Stringer Bell una ilustrada máquina de matar, Omar Little, el puto amo, Proposition Joe, el gordo que arregla relojes y maneja el cotarro en el este,... y bueno, si alguien conoce las calles en Baltimore es Bubbles, que es un tragedias que se dice aquí, el pobre lleva una existencia miserable, pero con mucha clase, un superviviente a su pesar. Y muchos más... impresionante lo de los chavales de la serie, que lo clavan, la pena es que a muchos (98%) les aguarda un futuro tremendo. Y están los políticos, y los jueces, y la fiscal, y un montón más, pero sobre todo está la gente del puerto, los polacos, destacando entre ellos Frank Sobotka, un buen tipo de alma atormentada metido en una espiral viciosa y su hijo Ziggy, el más desgraciado de los desgraciados, un pobre diablo que va por la vida con un pato al que regala un collar de diamantes y al que acaba emborrachando hasta la muerte.

El caso es que me quedan solo un par de episodios, y estoy tan excitado como apenado, porque The Wire, o al menos la sensación de verla por primera vez, ya se acaba para mi...
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