miércoles, mayo 20, 2009

Benedetti



Hace un par de días murió Benedetti. Fue de noche que escuché la noticia. Tengo la manía de acostarme con un auricular en la oreja. Las tertulias deportivas de la medianoche me ayudan a coger el sueño a una velocidad de vértigo. Como digo es una manía tonta que cogí cuando me costaba conciliarlo por preocupaciones tan variadas como absurdas. El caso es que descubrí que si antes de dormirme escuchaba a gente hablar (la música no sirve), aquellas voces distraían a las de mi cabeza y el efecto resultante era sumamente sedante. Ocurre la mayoría de las veces, ya sea unas porque muevo la cabeza para cambiar de postura, otras porque tengo un ligero desvelo que aprovecho para quitarme el auricular en cuestión, y otras porque se le acaban las pilas al transistor, que es raro que a la mañana amanezca con el noticiario. Pero ocurre algunas otras veces que el auricular se resiste a abandonar la oreja y lo mismo me despierto a medianoche escuchando los problemas de gente insomne, las psicofonías del Palacio de Linares o curiosidades varias. Unas veces consiguen captar mi atención y acabo teniendo que inventarme alguna otra estrategia para dormirme otra vez y otras quedan guardadas en mi subconsciente hasta que amanece. La muerte de Benedetti fue una de esas noticias de madrugada que no llegaron a desvelarme. Esto imagino que queda fatal. Supongo que si alguna vez las vicisitudes de algún marido cornudo o las caras de Belmez me han interesado sobremanera, la muerte de un poeta tan significado debía haberme hecho dar un salto, o llorar o algo. Pero no fue así. Benedetti fue como un maestro lejano, hace muchos años me compré una antología de poemas suyos editada por alianza que salía muy barata, y aquello, bueno, fue una revelación. Me agarré uno a uno a aquellos poemas, y me agarré tan fuerte que casi sin darme cuenta ya eran míos. Es esa época en que uno lee poesía sin tomar la distancia adecuada, que a lo mejor es la única forma de leerla, o no, metiéndote tan dentro que crees que cada uno de esos no son letras unas detrás de otra, que es tu vida, o que es lo que tendría que ser, o lo que quieres que sea, o lo que no es, o lo que podría ser, o yo qué sé… el caso es que aquel poemario abandonó las páginas del libro para metérseme por las venas… y lo usé, vaya si lo usé, ya fuera para impresionar a una muchacha a la que creía amar, a una que pasaba por allí un día o finalmente a la que amé. Pero ahora ese zagal que leía poemas y vivía en ellos, en los de Benedetti y en los de otros, no sé dónde anda, imagino que se habrá quedado por el camino, el que disfrutaba integrando o derivando, ese que a veces se creía gigante y otras diminuto, con tantas expectativas y con ninguna… La otra mañana empecé a escuchar y leer homenajes al poeta, y por un momento, aquel muchacho despertó un momento y quiso decir algo también, que aquel hombre aún viniendo de tan lejos, Uruguay, lo había sentido muy cerca y que era una pena que ya no fuera a haber nuevos tratos, ni tácticas, ni estrategias, ni canales interoceánicos, ni viceversas, ni bienvenidas, ni ustedes, ni nosotros, ni … mierda. Pues eso, que es una mierda que se haya muerto Benedetti, y que le entran a uno, al de ahora, ganas de llorar, por él, pero también un poco, por el muchacho, el de antes, el que aprendió a dormirse con la radio para apagar las voces que le decían tantas cosas en su cabeza.






3 comentarios:

Juanjo Sánchez Cotes dijo...

Primo... ¿Pero el poema este de la táctica y la estrategia no era del Juanma? ¡No me digas que otra vez me ha colado un poema que no era suyo!

Juanjo Sánchez Cotes dijo...

Anda que cuentas na del blog ni na...

tiago cotes dijo...

si es que como lo actualizo de higos a brevas lo mantengo un poco ahí en stand by...
gran poeta el juanma también... pero sigue vivo... y hasta es amigo en facebook...

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